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Mi hermana, la fruta prohibida

 
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Shinsen
Eyaculador/a precoz


Registrado: 09 May 2009
Mensajes: 4

MensajePublicado: Dom May 10, 2009 13:11    Asunto: Mi hermana, la fruta prohibida Responder citando

Bueno, este es el primer relato que he conseguido hacer de este estilo, siempre he tenido ideas pero carentes de un cuerpo decente, pero tuve la idea a raiz de un sueño y no creo que me haya quedado tan mal, aceptaré tanto buenas como malas criticas ya que a fin de cuentas, ha sido algo "experimental" para tantear como se me da escribir cosas así. Sea como fuere, espero que os guste y no os corteis en dejar comentarios ^^:

Mi hermana, la fruta prohibida.

Ella cerró la puerta del cuarto, se dio la vuelta y mirándome con una mirada sensual.

- Ahora vas a conocer algo que nunca has sentido antes, ven aquí.

Me rodeó con sus brazos quedando en un cálido abrazo. Olía su fragancia y estuve agarrado a ella durante un rato, entonces, me separó, me volvió a mirar y con su mano, me condujo con suavidad hasta la cama. Allí nos sentamos y sin apartar su mirada de la mía, fue a juntar sus labios con mi boca hasta que de repente, todo quedó en blanco.

Con la visión borrosa, veía el techo con la poca luz entrante por la ventana, había sido un sueño. Me senté en la cama, pensativo de por qué ocurría esto, demonios, es mi hermana, necesitaba un poco de ayuda para desahogarme y sabía perfectamente a quien recurrir. Sobre media mañana llamé a mi buen amigo y psicólogo Michael, este, me dijo que podía ir ya que tenia un hueco libre. Me cambié y fui de camino a su consulta.

Su sala de espera era amplia, un sofá que ocupaba casi media pared, dos sillones, revistas sobre una mesa y una tele colgada de la pared. No era nada de lo que usara personalmente más allá del sofá, me traía mi música y mis cosas para leer. Estaba a punto de abrir el libro para seguir leyendo, cuando la puerta se abrió. Un hombre ciertamente maduro (que no viejo) asomaba medio cuerpo por la puerta, llevaba gafas y estaba medio calvo ya, con una barba de 2-3 días, me miró y su enérgica voz hizo acto de presencia.

- Venga, tira para la oficina.

Pasé del pasillo a su oficina, una oficina de un tamaño ligeramente menor a la sala de espera, con mucho vacío de por medio, estaba visto que todavía le faltaba cosas por conseguir para decorarla. Él se sentó en su silla de cuero, quedando yo, en la silla justamente enfrente. Sacó un folio en blanco y me preguntó.

- Bueno, ¿qué es lo que te preocupa hoy?.

- Creo que les puedo denominar “fantasmas” del pasado.

- ¿Y eso a que se debe?.

Tomé una pequeña bocanada de aire, a él le contaba todo lo que me preocupara, por muy personal que fuera y el sexo no era algo aparte, así que me armé de valor y lo solté.

- He tenido un sueño erótico con mi hermana.

Su cara permanecía con un rostro de serenidad, no parecía haberle sorprendido lo más mínimo.

- En cierto grado, no me extraña del todo.

Esa frase me había sacado de mis pensamientos, aunque estaba intrigado el por qué no le extrañaba.

- ¿Por qué no te extraña algo así?.

- Hace muchos años que vienes a esta consulta, aunque si hubieras sido constante desde un primer momento a lo mejor llevaríamos esto pero mucho más adelantado. Me has contado de todo, te conozco casi como si te hubiera parido.

- Vale, dejando de lado mi falta de constancia para las consultas, ¿puedo saber por que no te extraña lo que te acabo de contar?.

- Verás, eres un chico con problemas sociales, te cuesta relacionarte, llevas prácticamente toda tu vida en tu casa, la adolescencia la has pasado entre esas 4 jodidas paredes también y apuesto lo que sea a que tu hermana era la única mujer joven que había en tu casa, ¿cierto?.

- Pues si, así es.

- ¿Qué se obtiene a raíz de eso?, pues que cuando tuviste las hormonas revolucionadas, al no poder relacionarte con chicas de tu edad, pues el foco de tus hormonas fue dirigida a tu hermana. Al decir que son “fantasmas del pasado” como tú lo llamas, quiere decir que ya los tuviste en su momento y estoy seguro de que fue en la pubertad. ¿A qué no voy mal encaminado?.

Bajé mi cabeza ciertamente avergonzado y asentí.

- En cierta parte me avergüenzo por ello, ella suele llevar una especie de camisa enorme, una especie de vestido de una pieza por llamarlo de alguna forma, el cual, por culpa del desgaste o a saber de que, pues se transparenta ligeramente y normalmente ella no suele llevar sujetador cuando va por casa. Gracias a eso, cuando solía estar en la terraza cambiando el agua o la comida a los pájaros, gracias a la luz que entraba se le podía ver bien el pecho a través de esa ropa. No es algo de lo que me sienta precisamente orgulloso.

Hubo un momento de silencio y siguió hablando.

- Bueno, es cierto, no ha sido una forma del todo adecuada de conducir tus hormonas, sin embargo, eso lo acabaste dejando, ¿no?.

- Si, hacia años que no hacía eso, de hecho, no lo he vuelto a hacer desde entonces, pero no entiendo el por qué han vuelto esos sueños.

- Hemos hecho progresos desde entonces, pero el aspecto sexual sigue estancado. Tal vez eso ha sido una señal de que el auto complacerte empieza a no ser suficiente. Que, de una manera instintiva tu mente te está diciendo que buscas una chica con la que puedas saciar esas ganas de sexo de una manera más completa, por decirlo de alguna forma. Ya te he comentado en varias ocasiones una solución para ello, contratar los servicios de una prostituta para que veas en si lo que es el sexo y que puedas experimentarlo, que puedas sentir el calor de un cuerpo femenino y dejarte de pensar en como puede ser ni cosas de esas.

- Ya, pero es que nunca se si estoy preparado para ello.

- Tú crees que no estás preparado para ello, mentalmente te estás condicionando de que no puedes, físicamente puedes, has pasado de calle la pubertad. Tu cuerpo está ya listo para ello y mentalmente, joder, eres un tío muy listo, siempre te lo he dicho, lo que te pasa es que eres una persona insegura, que se auto limita siempre. Yo y cualquiera te puede decir que una mujer no es ninguna criatura extraña, no te va a devorar ni nada, son personas con sus cualidades, defectos, problemas, alegrías, etc.

- Entiendo.

- De todos modos, me gustaría que trajeras a tu hermana, querría hablar con ella.

Un sudor frío me recorrió la espalda.

- No puedes contarle esto, no me volvería a dirigir la palabra en su vida.

- A ver, ella forma parte indirecta del problema, me explico: Como bien he dicho, tú durante tu juventud la has hecho foco de tus fantasías sin que ella lo supiera. Lo que quiero conseguir al hablar con ella es que comprenda la situación y que te pueda echar una mano. Es tu hermana a fin de cuentas, puede caber la posibilidad de que se molesté un poco por lo que has hecho, pero eso no quiere decir que no quiera poder echarte una mano para poder avanzar en tu vida.

- Ya veo.

- ¿Podrías traerla mañana a las nueve?.

- Podría preguntárselo a ver.

- Bien, pues ya me llamas y me dices. ¿vale?.

- Está bien.

- Ánimo, crees que puedo estar haciendo esto para joderte, pero en el fondo lo hago por tu bien.

Con un buen apretón de manos me marché de allí. Mientras caminaba por la calle pensaba en lo que se podría convertir esto, confío en él, pero por otro lado tengo miedo de como acabará.

Al llegar a casa, pasé por la cocina y vi la puerta de la nevera abierta y mi hermana estaba cogiendo algo de su interior. Mi hermana, Nastasha, tenía una melena enorme de color castaño que le llegaba casi a la cintura, unos ojos verdes preciosos, algo flaca, pero en su peso ideal, era mi única hermana (bueno y hermano también, solo somos dos hijos en la familia), me lleva sobre 10 años de diferencia, 32 años tiene y para que engañarnos, está muy bien para la edad que tenía. Su pecho, mi perdición durante mi pubertad, eran ligeramente grandes, tal vez 87-90, no entiendo mucho de tamaño de pecho y un trasero que en su época me moría por tocar pero nunca me atreví, la política de “se mira pero no se toca”. Ella llevaba unos pantalones cortos y una camisa vieja, me acerqué para preguntarle si podría acompañarme mañana a ver a aquel hombre.

- Hey Nastasha.

- Hola hermanito, ¿qué tal el día?.

- Bien, he estado en la consulta de Michael, hablando de consulta, él me ha preguntado si podrías acompañarme mañana a las nueve, dice que quiere hablar contigo de un asunto.

- Bueno, puedo pedir el día libre. A cambio serás mi burro de carga en mi próxima ida de compras, ¿hecho?.

- Vale, hecho.

- ¿A las nueve, habías dicho, no?.

- Así es.

- Procura no quedarte dormido.

Con una sonrisa se marchó al salón, yo me fui a mi cuarto a hacer mis cosas a la espera de mañana, la noche la pasé bien, intenté no pensar en nada relacionado con mi hermana para que no apareciera esos pensamientos otra vez.

A la mañana siguiente unos toques en la puerta me despertaron.

- Venga dormilón, despierta de una vez.

Miré hacia mi despertador y eran las ocho y media. Esto me hizo que me despertara de un salto y empecé a prepararme, al salir de la habitación allí estaba ella.

- Parece mentira que sea yo la que te vaya a acompañar a ti y sea yo quien te despierte.

- Vale, he tenido un pequeño desliz, enseguida estoy.

Me lavé y vestí deprisa y sobre las nueve menos cinco ya estaba listo.

- Bueno, vamos.

- Tú guías. - Decía ella haciendo un gesto de dejarme pasar primero.

Llegamos a la consulta de Michael, al entrar, él ya estaba allí, se acercó a nosotros y nos saludó.

- Así que esta es tu hermana.

- Si.

- Encantado – dijo dándole dos besos.

- Igualmente – respondió ella.

- Bueno, tú te quedas aquí fuera mientras ella pasa a consulta.

- ¿Tendré que entrar luego?.

- No es necesario.

- Está bien.

- Acompáñeme señorita.

Yo me senté en el sofá a esperar, pasó sobre una hora hasta que ella salió. Tenía una expresión neutral y su voz sonó muy seca.

- Vamos.

Supongo que finalmente Michael se lo había contado y estaba enfadada conmigo. Toca pagar justo por pecador, que remedio. Ese día no me volvió a dirigir la palabra. A la mañana siguiente decidí llamar a Michael para ver que le había dicho.

- ¿Michael?

- Dime.

- ¿Qué le has dicho a mi hermana para que esté tan molesta conmigo?.

- Estuvimos hablando un poco sobre lo que me habías contado, se mostró sorprendida, yo le dije que lo hablara contigo cuando se encontrara en condiciones, tienes que tener confianza en ella, cuando esté preparada, hablará contigo de nuevo.

- Se que lo que hice está mal pero me sienta peor saber que pasa de mi o que prefiere evitarme.

- No te preocupes, te acabará hablando de nuevo, solo te pido que no la presiones para que te hable, está asimilando las cosas todavía.

- Entendido, no forzaré el tema.

- Eso es.

Colgué el teléfono con resignación e intenté hacer mi vida normal a la espera de que ella me volviera a hablar de nuevo. Pasaron 3 días hasta que aquella tarde, ella se presentó en mi cuarto y con aquella voz seca de hace días me preguntó.

- ¿Podemos hablar un momento?.

- Si.

Me levanté de la silla y me senté al lado de ella en la cama, sus ojos me miraron directamente a los míos, su cara tenía una expresión seria aunque un poco cansada.

- Tu psicólogo me lo ha contado todo.

- Yo...siento mucho haber hecho lo que hice en aquella época.

- Ya, la verdad es que nunca me habría imaginado que...bueno...me estuvieras desnudando con la mirada en más de una ocasión.

- Bueno, son cosas de la pubertad supongo.

- Puede, pero a fin de cuentas soy tu hermana, ¿crees que eso está bien?.

- No lo creo.

Agaché la cabeza en muestra nuevamente de arrepentimiento.

- Él también me había comentado que bueno, tienes sobretodo problemas con lo que es el tema del sexo.

No pude evitar sonrojarme al oír eso de la boca de mi hermana, al volver a mirar a su cara, ella tenía una sonrisa dibujada en la cara.

- No tiene por qué sonrojarte por hablar de un tema así, es decir, somos hermanos, se que es un tema delicado pero supongo que alguna vez debía salir el tema – dijo, poniendo su mano en mi hombro – también me comentó que estabais pensando en contratar los servicios de una prostituta para que, bueno, puedas experimentar lo que es el sexo y eso.

En cuanto oí eso, me dieron ganas de que me tragara la tierra, maldita sea Michael, hay cosas que no se han de decir, ¡y esa era una de ellas!.

- Si...es cierto.

- Él me había dado una opción que podría tener en cuenta y que era totalmente libre de hacerlo o no.

- No me lo digas si no quieres, pero, ¿de qué se trata?.

- Básicamente...ser yo con quien tuvieras tu primera vez.

Vale, la situación se estaba volviendo ciertamente surrealista, ¿qué clase de opción era esa?.

- Pero, eres mi hermana, no podría hacerlo.

- Ahí creo que te equivocas, por lo que parece, has pensado mucho en mi a lo largo sobretodo de tu pubertad, el poder tenerme. Creo que simplemente ahora que yo ya lo se, tienes miedo. Pero poder, estoy seguro que podrías.

- Pero...

En ese momento, ella me tapó con un dedo el labio.

- Te propongo una cosa: Yo seré tu primera vez, para que puedas quitarte mitos e ideas raras de la cabeza y además puedas ver como es el cuerpo de una mujer al natural y demás. A cambio, a partir del día siguiente al que ocurra, haremos como si nada hubiera pasado, no volveremos a mencionar el tema y tú no volverás a verme con “malos ojos”, ¿de acuerdo?.

- Lo que me sigue sin convencer es si podré hacerlo sabiendo que eres mi hermana.

- Bueno, esa noche no pienses que soy tu hermana, es más, no pienses en si, déjate llevar por el momento. Si haces eso, estoy segura de que estarás más relajado. Además, yo creo que a la hora de elegir entre con quien hacerlo por primera vez, si una desconocida y pagando o con tu hermana, con la que tienes mucha confianza, vale, tal vez con el sexo no, pero tienes más confianza en sí y además, sin pagar nada. Yo creo que la cosa está clara.

- Confiaré en ti entonces.

- Eso es, la cuestión es, ¿cuándo quieres hacerlo?.

- Pues no sé.

- ¿Qué te parece el sábado, o sea, mañana?, es fin de semana, nos lo podremos tomar con más calma, lo hacemos ya cuando mamá y papá estén durmiendo y ya iremos bien.

- Vale, me parece bien.

- Bueno, esta vez por ser la primera vez, yo me encargaré de comprar los condones, pero cuando ya el paquete ese se te gaste, deberás de ser tú quien los compre o la chica si se presta, es algo muy dependiente de ambos.

- Entonces...¿sigues enfadada?.

- Al principio si, ahora que ya lo hemos hablado un poco, no tanto y ya lo poco que queda, veremos si eres capaz de contra restarlo mañana a la noche.

Me sonrió de nuevo, me abrazó y se marchó de la habitación. Me sentía bien, lo habíamos hablado y parece que las cosas se habían calmado, aunque por otro lado, todavía no me creía que mi hermana fuera a hacerlo conmigo. Se que lo hace por hacerme un enorme favor, pero aún así, no lo hace porque esté obligada a ello, fue una decisión que tomó. Sea como fuere, si realmente esto me ayuda, nunca podré agradecérselo suficiente.

El día del sábado lo pasé pensando en lo que ocurriría aquella noche, para que mentir, estaba hecho un flan. Al menos ahora siempre me sonreía y se mostraba amable, era una buena señal, aunque por otro lado cada vez que me sonreía, me temblaban un poco las piernas. Demonios, al pensarlo en frío, no se me iba a ir la vida en ello, no es que si lo hiciera mal me fuera a morir. Es de bien sabido que las primeras veces son un desastre así que lo mejor es intentar pasarlo bien y ya.

Sobre las diez y media estaba en mi cuarto viendo la televisión un rato, me pareció muy raro que mi madre no me llamara para cenar. Alguien tocó a la puerta y entró, era Nastasha, pensé que había dicho que lo íbamos a hacer cuando mis padres ya estuvieran durmiendo, un sudor frío me empezó a recorrer la espalda.

- Hola – decía ella con una gran sonrisa.

- Hola Nastasha – dije yo, intentando bajo ningún concepto en sacar el tema del polvo de esta noche - ¿tienes alguna idea de por qué mamá no ha llamado para cenar?.

- Ah, eso, ya le dije que te iba a ayudar con unas cosas y que ya cenaríamos nosotros más tarde.

- ¿Cenaremos después de...aquello? - dije con voz bastante baja, con vergüenza por haberlo dicho, sabía que no tenía que mencionarlo pero lo acabé diciendo.

- No, cenaremos antes, pero ahora, coge algo de ropa limpia y vamos, nos meteremos en la ducha los dos.

- ¿¡Los dos!?, ¿estás de coña?.

- Para nada, ¿quién sino crees que te bañaba cuando eras un crío?, esto será algo parecido, aunque con ligera una diferencia.

- ¿Qué diferencia? - pregunté temeroso.

- Por un lado será como antes, o sea, yo te lavo a ti, pero luego tú me lavarás a mi y no me vengas con tus “no creo que pueda hacerlo”. Esta noche es un argumento totalmente invalido.

Pues sí, ella tenía razón, esa noche el pesimismo y la duda no estaban permitidas, así que cogí algo de ropa y me encaminé al baño. Lo bueno de haber un baño en cada planta es que contábamos con cierta intimidad, aunque por otro lado había que intentar ser discretos.

Al entrar me senté en el bordillo de la bañera a la espera de que ella apareciera también, cuando apareció con algo de ropa entre las manos, cerró la puerta tras de sí, puso la ropa en un lateral y me hizo una seña con el dedo apuntando a ese mismo lugar.

- Pon la tuya también ahí.

La dejé justamente al lado de la suya y cuando me dí la vuelta, ella ya se estaba quitando las prendas, instintivamente me di la vuelta, supuse que ella se giró cuando la oí decir.

- Vamos, ve quitándote tú también la ropa.

- Es que...me da algo de corte, bueno, algo no, mucho.

- Ten clara una cosa, si no lo haces tú, lo haré yo – dijo esto ultimo estando detrás mía – y otra cosa, date la vuelta, es la primera vez que vas a admirar un cuerpo femenino en todo su esplendor teniéndolo delante tuya.

Me volví a dar la vuelta y la vi ya en ropa interior, tenía ganas de darme la vuelta de nuevo, pero fue algo que reprimí, si se me deleitaba con esa belleza, ¿por qué no verla?, pensándolo un poco era estúpido. Ella estaba haciendo todo esto por mi, así que simplemente me quedé allí de pie mientras ella se seguía quitando la poca ropa que le quedaba. Tras quitarse el sujetador, sus pechos quedaron totalmente expuestos, aquello que ya tantas veces había visto a través de la ropa medio transparentada finalmente lo tenía delante de mi.

Se quedó enfrente de mí y me preguntó con voz sugerente:

- ¿Qué te parece lo que ves?.

- Me encanta.

- Bueno, lo mejor está por llegar.

Entonces fue cuando se bajó las bragas, aquel lugar que nunca llegué a ver, pero con el que siempre fantaseé, finalmente con las bragas colgando de un dedo, me fijé allí abajo, su pelo púbico estaba recortado, un claro indicio de que no le gustaba tener mucho pelo ahí. Me tuve que quedar con cara de idiota mirando aquello porque un chasquido de dedos me hizo volver a la realidad.

- Vaya, pues si esto te ha convencido, espera a luego, la pregunta es:

- ¿Qué haces vestido todavía?.

Al verla como se desnudaba me había olvidado de quitarme yo la mía, lo peor es que a causa de verla así, tenía una erección más que decente, si pudiera haber algo que me diera más corte que ver a mi hermana desnuda, es que ella me vea a mi sin nada. Ella no dudó en empezar a tirar de la camisa para quitármela.

- Vamos, que para ahora ya deberías haber estado totalmente desnudo como yo.

- No tengo tanta facilidad para hacerlo como tú si hay otra persona delante.

- Tonterías, déjamelo a mi.

Me fue quitando la ropa hasta quedarme solo con los calzoncillos, llegado a este punto, no quería que mi hermana me viera con el pene al aire, por ello, cuando intentó bajarme los calzoncillos me resistí, tras 3 intentos, volvió a ponerse de pie.

- Tú mismo te lo has buscado.

Cogió y mi cabeza con una mano y puso mi cara entre sus pechos, entre el calor de su piel y su aroma, me quedé sin fuerza de repente, me apartó la cara de aquel maravilloso lugar, ella se arrodilló de nuevo y finalmente me pudo quitar los calzoncillos, dejando mi pene al aire, creo que estaba tan atontado por haber estado entre sus pechos que malamente me enteré de lo que había pasado. Eso si, me di bastante cuenta de cuando ella decidió rodearlo con su mano, el hecho de notar su tacto ahí me hizo volver casi de una manera instantánea.

- Espera, espera.

- Tranquilo, solo lo estaba tocando un poco, ya habrá tiempo luego para darle un uso en mejores condiciones, ahora vamos a la ducha anda.

Ella me cogió de la mano y ambos nos metimos en la bañera, mientras el agua caía encima de nuestras cabezas ella me preguntó.

- ¿Quién prefieres que empiece?, ¿yo lavándote a ti o al revés?.

- Uhm...para que mentir, prefiero empezar yo a ti.

Ella esbozó una sonrisa.

- Lo suponía, además, iría mejor, no tengo ganas que te corras en cuanto empiece a lavarte por ahí abajo.

- ¡Eh!...yo espero poder aguantar algo más que un par de caricias.

- Seguro que si. - dijo dándome un abrazo, pude sentir todo su cuerpo pegando al mio, fue sensación increíble.

Cuando nos separamos un poco, ella me dio la esponja, se mostraba dispuesta a dejarme navegar por su cuerpo usando la esponja como barco.

- Vamos, veamos que tal te desenvuelves en un cuerpo que no sea el tuyo, el pelo déjalo quieto, lo que importa es como te mueves de cuello para abajo con la esponja.

Con la esponja empecé a bajar cuello abajo, llegué a sus pechos, los cuales de manera torpe aunque con la mayor delicadeza posible los fui limpiando, ella, soltaba algún que otro gemido, aunque no me quedaba claro si era para joderme y de esa forma ponerme más nervioso o realmente le gustaba. Tal vez me paré más de lo necesario ahí arriba porque ella comentó.

- Ya he visto que te gusta mis pechos, pero queda más sitio que limpiar, así que sigue bajando.

Bajé por su abdomen hasta que estaba próximo a llegar a su vagina, pero antes siquiera de poder llegar, hubo un ligero cambio de plantes en mi ruta.

- Tranquilo pequeño, antes de empieces a limpiar ahí abajo, ve a las piernas y sube desde ahí.

- Está bien.

Puse una rodilla en el suelo de la bañera para que me fuera más fácil lavar las piernas. Fui despacio, limpiando hasta llegar sobre la zona de los muslos, los cuales limpié primero la parte exterior para luego pasar a la interior, para, de esta forma, conectar con la vagina a ver si esta vez tenía mejor suerte. Ella levantó su pierna derecha dejándola sobre el bordillo de la bañera.

- ¿Mejor así?

- Tengo...una mejor perspectiva de esta forma.

Aproveché que estaba limpiando el muslo derecho por la cara interior para intentar colar la esponja allí nuevamente, tuve mala suerte, ya que me volvió a llamar la atención.

- Ah, ah, primero lava la otra pierna y ya te dejo que llegues ahí, para hacer las cosas, hay que hacerlas bien.

Más que hacerlo bien, esto ya era jugar con mi pequeña desesperación por probar a tocar aquel lugar. Pero aquella noche no estaba siendo la mía o ella estaba jugando conmigo de una manera más que descarada, ya que cuando finalmente tenía vía libre para llegar, ella volvió a apartarme ligeramente de allí.

- De esta parte ya me puedo ocupar sola, gracias – me dijo con una sonrisa.

La cara de idiota que se me tuvo que quedar tuvo que haber sido digna de un cuadro, ella se quitó todo el jabón y se lavó allí abajo por si misma, había sido engañado, este tipo de cosas uno no se las merece.

- Esto no es justo tía – protesté – esto ha sido como una tarta la cual me dejas probar con el dedo la nata que hay alrededor del pastel, me das un plato con un trozo de pastel y cuando me lo voy a comer, me lo quitas.

- Vamos, no te enfades, tonto – dijo con una sonrisa – luego tendrás mucho tiempo para saborear este “pastel”.

Una vez se quitó todo el jabón y terminó de lavarse por si misma, muy a mi pesar, me arrebató la esponja, se puso a mi espalda y me susurró al oído.

- Ahora me toca a mi lavarte, como en los viejos tiempos.

Podía sentir sus pechos pegados a mi espalda, me abrazó fuerte contra ella y empezó a enjabonarme del pecho hacía abajo, notaba su respiración en mi oreja derecha, lo cuál, ciertamente me excitaba algo más. Cuando se encontraba a la altura del abdomen, la esponja se cayó.

- Que torpe que soy, la esponja se me ha caído, ahora voy por ella.

Deslizó la mano hasta alcanzarme el pene, lo agarró con firmeza, lo que me hizo dar un pequeño bote. Noté como iba moviendo su mano a lo largo de mi miembro con la mano enjabonada, yo, apenas podía hablar, pero lo poco que podía articular lo dije claro.

- Como bien dije, esto es no justo, tú tocas lo mio y yo no puedo tocar lo tuyo.

- Hermanito, ahí te has vuelto a equivocar de nuevo, realmente estamos empatados, tú te has divertido con mi pechos, yo me divierto con tu pene.

No tenía fuerzas para responder a eso, así que eché mi cabeza hacía atrás y dejándola a ella hacer lo que quisiera. Tras unos minutos, me la soltó y cogió la esponja para seguir lavando. Cuando ambos finalmente ya estábamos limpios, salimos de la ducha, ella me dio una toalla.

- Ya me lavaste, ahora toca secarme.

- Vale.

Dadas las circunstancias no valía la pena hablar sobre si también iba a tener restringida el secar cierta zona, a fin de cuentas, que demonios, en un rato lo estaré tocando todo lo que quiera.

Ya secos y vestidos decidimos que era hora de comer algo, era preferible a hacerlo después de echar un polvo. Al bajar, mis padres estaban en el salón viendo una película tranquilamente, nos preparamos unos bocadillos y subimos de vuelta, aunque me di cuenta de que Nastasha llevaba algo más entre las manos además del bocadillo, aunque no lo pude ver de primeras.

Al llegar a la segunda planta, estábamos en el pasillo y surgió la tan mítica pregunta.

- Uhm...¿en tu cuarto o en el mio?- me aventuré a preguntar.

- En el mio por supuesto, el tuyo es una leonera.

- Bueno, si es una leonera, quiere decir que dentro habita una bestia.

- Realmente, el que a veces puedas apestar como una bestia no significa que seas una.

Con mi ego ligeramente tocado por aquel comentario, nos metimos en su cuarto, el cual, ciertamente, estaba mucho más ordenado que el mio, aunque el mio tiene un orden dentro de tanto desastre. Nos sentamos en la mesa a comer tranquilamente mientras hablábamos de cosas sin más, nos reíamos y esas cosas, durante la comida dejamos el tema del sexo a un lado. Al final lo que parecía llevar en la otra mano era un bote de caramelo líquido, ¿para qué ha traído caramelo liqui...?, vale, a veces no se ni para que pregunto.

Una vez terminamos de comer, recogimos de piscos la mesa, ella cogió el bote de caramelo liquido y lo dejó sobre su mesilla de noche, acto seguido, se tumbó en la cama, dando un ligero resoplido, signo de que la comida le ha sentado muy bien. Me hizo una señal de meterme en la cama con ella, me tumbé a su lado y ella, acto seguido, se me tumbó encima.

- ¿Sabes? - me preguntó con un cierto aire pícaro – ya hemos cenado, ahora toca el postre.

Estiró el brazo para poder alcanzar el bote de caramelo líquido y nos volvimos a voltear, quedando yo encima de nuevo. Ella se quitó la camisa dejando sus pechos al aire de nuevo, abrió el bote de caramelo líquido y se echó un poco en su pecho izquierdo.

- Dejalo bien limpio que el caramelo es pringoso si lo dejas secar.

- Siempre me habían dicho que comer dulces por la noche podría traer pesadillas, pero algo como esto no me puede traer pesadilla alguna.

Lamia con suavidad aquel pecho, con especial énfasis en el pezón, ella, gemía a raíz de estas caricias, me gustaba oír sus gemidos, vez como echaba su cabeza hacía atrás y notar como su respiración se volvía más rápida. Cuando terminé con el pecho izquierdo, como la experiencia le había gustado, quiso repetir pero esta vez con su otro pecho. Esta vez yo ya iba más confiado, a medida que iba haciendo esto, me notaba más relajado y disfrutando no solo del sabor a caramelo, sino de sus gemidos, de todo en general.

En mitad de mi labor, noté sus cálidas manos alrededor de mi cara, la cual levantaba con delicadeza hasta llevarla la suya, donde me esperaba una preciosa sonrisa y posteriormente un beso. Sus manos pasaron de estar alrededor de mi cara a estar en mi espalda, formando un firme abrazo que duró un buen rato junto al beso.

Nuestras caras se separaron ligeramente, aquella noche estaba siendo increíble al finalmente poder descubrir cosas de las que antes solo me había limitado a pensar o divagar. Entre algún que otro beso furtivo, ella me susurró al oído.

- Tanto te quejabas ante de que no ibas a poder comer del pastel, ahora es el momento, eso si, ve tranquilo, ve acariciando y besando el terreno, tenemos toda la noche todavía.

Asentí con la cabeza y con mis labios empecé a bajar por su barbilla, lamiendo, besando y acariciando durante mi recorrido hasta el abdomen. A medida que iba bajando, volvía a notar su respiración se volvía profunda de nuevo, cuando ya me encontraba acariciando y besando su abdomen me topé con el pantalón que me impedía seguir bajando.

Agarré los laterales del pantalón y miré una última vez a su cara, en su rostro se mostraba una sonrisa y acto seguido, alzó sus piernas como una clara señal de que quitara aquel pantalón. Metí mis dedos por ambos laterales del pantalón hasta poder meterlos dentro de sus bragas, aprovecharía e iría a quitar ambas cosas. Fui deslizando con suavidad ambas prendas a lo largo de sus piernas, hasta finalmente acabar tiradas en el suelo.

Me di un tiempo para acariciar la zona que había despejado, las zonas interiores de los muslos, la parte inferior del abdomen y ya con dedos furtivos, la entrada de su vagina, la cual desprendía cierta calidez, tras echarle un ojo al cuerpo totalmente desnudo de ella, hubo algo que no pude evitar decir.

- Eres preciosa.

Ella esbozó una sonrisa.

- Menos habladuría y al lío.

No me creo ni mucho menos un entendido en esto del sexo, pero creo que todo este tiempo de haber consumido pornografía varia, al menos me ha dado una idea de donde van las cosas. Por supuesto, una cosa es verlo a través de un video y otra cosa muy diferente era tenerlo delante, de primeras iría a lo simple, tantearía el terreno con mis dedos.

Metí un dedo de primeras, su interior era muy cálido y húmedo, era una sensación que no podía asociar con nada que hubiera sentido antes, decidí meter un segundo dedo mientras mantenía el ritmo. Sus gemidos eran suaves, eso me daba ánimos porque suponía que la cosa estaba yendo bien. Entonces, con un dedo me hizo la seña de que me acercara a ella, sin dejar de mover mis dedos dentro de ella, me tumbé en un lateral quedando mi cara cerca de la suya.

- ¿Sabes que se puede hacer otra cosa además de jugar con tus dedos ahí dentro?. -me preguntó

- Tú eres la experta, acepto sugerencias.

- Cambia tus dedos por tu boca.

Me volví a estar entre sus piernas, cambiando un poco la posición esta vez, con mis brazos alrededor de sus piernas y mi cara enfrente de su vagina. Desprendía un olor particular, decidí darle un pequeño lamida a ver por curiosidad el sabor que tenía, el cual iba bastante acorde con el olor que tenía, el problema es que no sabía ponerle una descripción clara, así que lo dejé en peculiar. Estuve así durante un rato ya que al oírla gemir hacía que me dieran más ganas de seguir.

- Para, para.

Suavemente ella apartó mi cara de su vagina, se irguió sobre la cama, quedando sentada. Yo, con expresión extrañada me quedé sentado también.

- No lo has hecho mal, sin embargo, ahora me toca a mi darte algo de placer a ti.

Entonces, con su mano, me empujó suavemente dejándome tirado en la cama. Ella fue mucho más directa de lo que fui yo, me quitó la camisa y acto seguido, mis pantalones y calzoncillos. Con su mano derecha, me acariciaba el pene de arriba hacia abajo, mientras su boca me besaba.

Me encontraba con la mente en blanco en aquel momento, no pensaba, simplemente disfrutaba, sus labios empezaron a bajar a lo largo de mi cuerpo, hasta que noté su aliento en mi glande. Instintivamente miré hacia abajo, la veía allí, agarrando mi pene con una mano, mirándome a los ojos con sus labios casi rozándolo.

- Veamos a que sabe esto, ¿te parece?.

Yo simplemente me quedé ahí, mirando sin decir una palabra, no sabía si es que no me salían las palabras o preferí no decir nada. Sea como fuere, vi como abría su boca y lentamente lo fue envolviendo, la sensación era fantástica, el conjunto de su calidez, la saliva y la lengua. De una manera totalmente automática mis caderas se alzaron tal vez para obtener aún mayor placer. Ella subió la cabeza, despojando así poco a poco a mi pene de aquel forro improvisado de piel, carne, dientes y saliva. Sin llegar a sacarla entera de la boca, volvió a ponérselo dentro empezando a ir a un ritmo suave, ella sabía perfectamente que si iba muy rápido, la diversión acabaría para ambos.

Finalmente se lo sacó de la boca, al echar un vistazo rápido, se podía ver una pequeña cobertura de salida alrededor de todo el tronco, fue algo alucinante. Ella sacó del cajón un condón, había llegado la hora de probar la unión, lo sacó de su envoltorio y lo fue deslizando sin problemas por todo mi pene. Una vez ya listo, ella se tumbó boca arriba, abriendo un poco sus piernas y con los brazos estirados como a la espera de un abrazo.

- Toca el gran final, ven aquí.

Me puse encima de ella, cerró sus brazos alrededor de mi espalda y nos dimos un beso corto.

- ¿Necesitas ayuda para hacerla entrar?.

- No hace falta.

Con una mano agarrando el pene fui tanteando por la entrada de la vagina en busca del sitio correcto, cuando lo noté, empujé con suavidad dentro de ella, era una sensación increíble, similar a lo que sentí cuando se lo metió en la boca pero más amplificado. Me mantuve quieto sin moverme durante unos segundos, había sido una noche muy interesante, así que, tocaba terminar.

Moví mis caderas aumentan más aquel placer en busca ya del clímax, nuestros gemidos se iban mezclando, ella me abrazó con más fuerza, fue poco tiempo después cuando ya noté como todo mi semen salió, quedando en el interior del condón, fue una sensación totalmente salvaje, en ese momento me abrace a ella con fuerza y tras el corto lapsus del orgasmo, me separé ligeramente para sacar mi pene de ella, quitarme el condón y tirarlo a la basura que estaba al lado de la mesa.

Me posé encima de ella, estaba exhausto y ella había cumplido con lo dicho. El problema es que me daba pena dejar aquellos brazos esa noche, se que el trato era un polvo y nada más, pero me sentía con ganas de recibir un poco más de cariño antes de descansar. Para mi sorpresa, ella me abrazó suavemente, dejando mi cabeza sobre su hombro, yo la miré con cierta cara de duda.

- Por esta noche te puedes quedar aquí conmigo, pero ya mañana por la mañana, no volveremos a mencionar lo que ha ocurrido, una noche que nunca ha existido, ¿entendido?.

- Está bien, te agradezco mucho el enorme esfuerzo que supongo que ha sido para ti tener que haber hecho esto.

Ella me otorgó una sonrisa cándida, tan típica en ella.

- Bueno, no ha sido tan desastroso como esperaba, así que me lo he pasado bien, debes practicar todavía bastante para complacer totalmente a una mujer, pero lo has hecho bien igualmente.

- ¿Puedo...pedirte un último favor?.

- Claro.

- Dame un último beso.

Ella cogió mi cara con sus manos y me dio un suave beso en los labios, me recreé en aquel momento, como el cierre a aquella noche, cuando nuestros labios se separaron, me abracé a ella y me dormí.

A la mañana siguiente, desperté entre sus brazos, ella seguía dormida, se la veía preciosa durmiendo, pero había llegado la mañana, y la fantasía había tocado a su fin. Con cuidado, me aparté sus brazos, me puse de pie y me vestí. Ella simplemente se giró y siguió durmiendo sin percatarse de que me había zafado de aquel dulce abrazo, salí de la habitación en silencio y me metí en la mía, tumbado en mi cama volví a recordar todo lo ocurrido aquella noche. Había sido increíble, una noche que dudo que pueda olvidar, lo que si tenía y debía olvidar era de ver a mi hermana como una persona que me pueda dar placer, eso fue anoche, de hoy en adelante ya no.

Gracias, Nastasha.
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GrotescoFetiche
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Ubicación: Al-Mayurqa

MensajePublicado: Lun May 11, 2009 3:36    Asunto: Responder citando

Todo el que fantasea con hermanas es porque no tiene una. No le ha tirado de los pelos en una rabieta porque le rompió un juguete, no le ha provocado celos de los padres, de los abuelos, etc. En definitiva, no ha crecido con ella hasta cansarse de tenerla cerca, amando y odiándola a la vez. Cuando uno supera los catorce años, las tetas de una hermana ni siquiera son las tetas de una mujer. Son como las de la madre, pero sin la nostalgia.

Entre los escritores de relatos eróticos sin hermanas, el tema filial parece estar a la orden del día, manoseado hasta la saciedad. Si bien el enfoque inicial de este relato no era malo del todo al restarle normalidad en la consulta psicológica, que la hermana se preste a suplantar a la furcia para el experimento es un giro típico, previsible, completamente normal en esta perversión imposible. Hay que estar muy mal de la cabeza o muy borracho para hacérselo con una hermana, tanto o más que el psicólogo que decide airear un tema tan delicado y personal ante el objeto del desvío.

Hace poco Rainmaker dio a leer un artículo en el que plasmaba que los mejores polvos que se escriben son los frustrados. Yo hubiera frustrado este con la hermana propinándole un capón al protagonista al prestarse a entrar con ella al baño.

¡¿De veras creías que ibas a hacerlo, puto cerdo?!
Hubiera sido una forma graciosa y realista de acabar el relato.


En el apartado gramatical, cabe destacar tus fallos de puntuación. Usas demasiado poco los puntos y seguido. A este respecto, creo que deberías haberlo revisado un par de veces más, para evitarnos frases como esta, colgada patas abajo del gerundio:


Shinsen escribió:
Ella cerró la puerta del cuarto, se dio la vuelta y mirándome con una mirada sensual.


A recalcar también algunos fallos en el uso de los acentos diacríticos: si en lugar de sí, de en lugar de dé, así como algún que otro fallo en los qués interrogativos.

Seguro que puedes hacerlo mejor.
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Metal Orgy
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Ubicación: Estados Unidos

MensajePublicado: Lun May 11, 2009 14:15    Asunto: Responder citando

GrotescoFetiche escribió:
Todo el que fantasea con hermanas es porque no tiene una. No le ha tirado de los pelos en una rabieta porque le rompió un juguete, no le ha provocado celos de los padres, de los abuelos, etc. En definitiva, no ha crecido con ella hasta cansarse de tenerla cerca, amando y odiándola a la vez. Cuando uno supera los catorce años, las tetas de una hermana ni siquiera son las tetas de una mujer. Son como las de la madre, pero sin la nostalgia.


Tengo que destacar este parrafo. Buenisima observacion, Grotesco.
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MensajePublicado: Mar May 12, 2009 20:06    Asunto: Responder citando

Grotesco, tu teoría se derrumba si tenemos en cuenta la cantidad de relatos que tratan sobre lo mismo pero con la propia madre.

Este relato no está mal del todo, se hace bastante entretenido aunque algunos detalles de la historia en sí misma no me han acabado de emocionar (aparte que a mí lo del incesto nunca me ha acabado de molar en los relatos), además de los errores gramaticales que ya ha comentado Grotesco.
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Ubicación: Al-Mayurqa

MensajePublicado: Mie May 13, 2009 0:08    Asunto: Responder citando

Singularidad_Cuántica escribió:
Grotesco, tu teoría se derrumba si tenemos en cuenta la cantidad de relatos que tratan sobre lo mismo pero con la propia madre.


Hay mucho edipo-acomplejado con acceso a Internet. La diferencia fundamental con el caso de la hermana es la relación de sumisión/dominación implícita en el grado de parentesco. Mamá manda y hay que hacer lo que ella dice. La relación entre hermanos es, normalmente, de competencia.

Tampoco comparto el gusto por las relaciones madre-hijo o padre-hija (a todas luces menos frecuentes en la ficción internáutica, ¿por qué será?) -fuera de ciertos juegos de roles para justificar un encuentro desigual por parte de dos amantes- pero son más lógicas, dentro de la anormalidad subyacente en ellas.

Repito: hay mucho edipo-acomplejado con acceso a Internet.
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MensajePublicado: Mar Jun 23, 2009 17:50    Asunto: Responder citando

Man, felicidades Smile , es buena la historia, algo relajante para el final y reconfortante ya que siempre habrá una segunda oportunidad en otro relato, gracias por sacarme de la vida diaria con tu escrito, pero lo que es el incesto, no es bueno despues de todo y menos con hermanos, es algo asqueroso, mejor una prima o alguien que se haya criado contigo desde la niñez, creo que sería mejor. Saludos desde Venezuela, Uterologo. Cool
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